viernes, 1 de junio de 2018

Colonia 9


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El vigía, casi más un roedor gigantesco que  un ser humano, se despertó de improviso de su siesta al recibir el golpe de la arena caliente contra la cara. Entornó los ojos antes de darse cuenta de que no tenía bien puestas sus gafas, más parecidas a las de un buceador que a las de un habitante de una tierra casi desértica.
Se acercaba una nave, catorce metros de largo, unos cinco de alto si no contamos las alas verticales que sobresalen unos cuantos metros más. Sin duda procedía de la capital.
Son ellos. Pensó el vigía. Se han adelantado dos días.
Tras colocarse debidamente las gafas protectoras y sacudirse el polvo del trasero decidió salir al encuentro de los visitantes con los pasos más largos que le permitía su baja estatura. Odio ser mutante.
La nave se posó al fin sobre la arena y, tras el traqueteo típico de una nave de tipo colonizador, una pequeña rampa apareció de las entrañas del aparato. El vigía esperó a unos metros a que de la nave terminase de bajar una mujer. Metro setenta de estatura, quizá un poco menos si usaba algún tipo de calzado con alzas, sesenta kilos de peso, pelo rubio y largo. De no haber sido una humana seguramente el vigía se hubiera sentido atraído por ella. 
— Buenas tardes, soy Ben Munney. Alguacil de la colonia nueve. — Dijo adelantado una de sus zarpas a modo de saludo.
— Soy la cabo Anna Hall, mi técnico en la nave es el soldado de primera Paul Kopek — Respondió la visitante mientras señalaba hacia el vehículo antes de estrechar la mano que le ofrecía —. Nos envía el Consejo General, debo presentarme ante el representante de la capital en esta colonia.
— El gobernador Branko Duvnjak, sí. Me ha pedido que la acompañe hasta su despacho. — Dijo Ben.
— Le sigo — Dijo Anna justo antes de colocar su mano sobre el oído derecho donde tenía el comunicador con la nave  —. Paul, apaga los sistemas y reúnete conmigo en cuanto puedas.
— Oki doki — Respondió desde la nave una voz que sólo oyó la cabo.
Con un medido gesto de cabeza indicó al guía que estaba preparada y sin más ceremonias el hombre-ratón se dirigió hacia las pocas estructuras que constituían la colonia.
— Las minas de cristal de las que dependemos están un poco más al norte — Empezó diciendo el guía —. Los edificios se instalaron aquí para protegernos de las tormentas de arena y de las nieblas invernales, cada vez que llegan tenemos que resguardarnos.
Anna pareció ignorar la información y centrar su atención en los edificios. Ninguno de ellos era igual al otro y ninguno parecía más solemne que cualquiera de las afueras de la capital. En total no habría más de diez edificios construidos y algunas estructuras mucho más pequeñas, todos unidos por una carretera de alquitrán bastante resquebrajada  
— Estos edificios… — Empezó diciendo la visitante.
— Cada cual ha ido construyendo su vivienda según le convenía y dependiendo de los envíos que nos hacían cada cierto tiempo desde la capital. Los calabozos están en aquel edificio de planta cuadrada y color gris oscuro, pero los uso más como hogar que para encerrar a gente. El despacho del gobernador está justo en el centro del poblado.
— ¿Es un lugar tranquilo?
— Si lo fuera, seguramente no estaría usted aquí, señora. Sólo que los problemas que tenemos no se suelen solucionar encerrándolos en una celda de cuatro por cuatro.
La mirada de Anna se fijó en el porche de una vivienda de dos plantas que parecía estar hecha en su totalidad de madera y algunas chapas. Una mujer poco más mayor que ella la miraba con gesto hosco mientras se balanceaba en una mecedora metálica. Su pelo rizado y oscuro estaba totalmente despeinado y su tez bastante morena contrastaba con unos ojos grises que no perdían detalle de la recién llegada.
— ¿Quién es? — Preguntó Anna cuando hubieron pasado por delante.
— Es Lilly, trabajaba en la mina hasta que perdió el brazo izquierdo, ahora se encarga de los problemas que no podemos encerrar.
— No parece demasiado fuerte.
— No lo necesita — Respondió distraídamente Ben antes de pasar al siguiente edificio —. Este de aquí es El Río, la taberna y tienda. Suele estar más animada cuando están descansando los mineros. El tejado es de cerámica y tiene la inclinación justa para que no se inunde cuando hay lluvia. En realidad se llama El Río del Carbón, pero hace unos años una tormenta voló la mitad del cartel y ahora sólo se la conoce como El Río.
— Interesante —. Dijo Anna, aunque no se la veía muy interesada en la información.
— Y… finalmente la casa del gobernador — Dijo el hombre-ratón parándose en seco ante la puerta de un edificio bastante más bajo que el resto y con el doble de ventanas que cualquiera de ellos. — ¿Su técnico necesitará que le guíe?
— No hará falta, sabrá llegar — Respondió Anna.
— Pues en tal caso, me voy a los calabozos a sacar a Eddy el borracho.   
— Gracias, alguacil.
— Llámeme sólo Ben. Si necesita cualquier cosa, no dude en hacérmelo saber.
Anna movió afirmativamente la cabeza aunque no estaba segura de que el alguacil lo hubiera visto. Ya estaba cerca del final de la corta calle.


viernes, 20 de abril de 2018

UNH

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La nave bautizada recientemente como Mavi 707 se mantenía firmemente en el aire, a pocos metros de las copas de los árboles de uno de los bosques más frondosos del planeta. Una nave cuyo funcionamiento recordaba vagamente a las astronaves más punteras diseñadas por los mejores ingenieros de la Unión, pero descubierta en una excavación arqueológica.
El artefacto, guardado durante varios años de estudios en un hangar secreto, no se asemejaba exteriormente a ninguna nave conocida. De contornos redondeados y alargados, de un color azul oscuro y con una única ventana, tan sólo el propulsor y las salas interiores tenían semejanzas con las naves que se podían ver habitualmente en los cielos del planeta Yophiel.
La Mavi contaba con una sala de mandos, con sus respectivos controles y asientos para varios tripulantes simultáneamente; una sala aneja de radar, tan moderna como uno de los últimos modelos de naves comerciales; un pequeño espacio que los expertos habían considerado como una especie de almacén y finalmente dos pequeños camarotes, más parecidos a celdas monásticas que a cualquiera que pudieran llevar las naves militares. Todas estas características fueron descubiertas en pocos meses, pero la nave se mantuvo totalmente inactiva durante los tres años que tardaron en encontrar el último elemento esencial para que pudiera ponerse en funcionamiento. Una persona en concreto.
No fue difícil encontrar al resto de la tripulación, además del "elegido", para su primer viaje: una vigía recién salida de la academia que supiera entender un sistema de radar estándar, un piloto con ganas de arriesgar su vida y capaz de mantener recto el timón, y una oficial que tendría que compensar la falta de experiencia y conocimientos del capitán.
  
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La puerta que llevaba a la sala de mandos se deslizó con suavidad, al menos durante los primeros cuarenta centímetros. El capitán volvió a pulsar repetidamente el botón que debía abrirla sin obtener nada más que un leve temblor en el marco.
— Empuje hasta terminar de abrirla, Capitán Vereth — Propuso Alice Vega, segunda a bordo.
John Vereth, capitán de una nave espacial que nunca antes había pisado en su vida y cuya experiencia militar se limitaba a lo visto en televisión, terminó por hacer lo que le decían hasta abrir el suficiente espacio como para que pasara, a duras penas, su poco estilizada figura.
— No me hago responsable si nos estrellamos a causa de que todo funcione así de mal en esta nave — Dijo el capitán tras superar el obstáculo.
— Tranquilo, no se le hará responsable de nada hasta que haya firmado el contrato correspondiente que le acredite como miembro de pleno derecho de las Fuerzas de Defensa de la Unión de Naciones Humanas, Capitán Vereth.
— Quizás no hubiera sido tan mala idea contratar a un mecánico para que revisase un poco todo esto mientras estamos en vuelo — Respondió el capitán mientras se sentaba en el lugar que en teoría le correspondía.
— Ya se lo dije, no tenemos ingenieros suficientemente capaces de entender cómo funciona esta nave con total exactitud.
— Únicamente saben que sólo responde ante mí.
— Ante su ADN, para ser más exactos — Dijo pacientemente pero con voz monótona Alice, sin darle mayor importancia a que fuera la séptima vez que le daba esa información.
Desde el asiento delantero sonó la áspera voz de Paul Kopek, piloto, un mutante cánido-humano que apenas levantaba metro y medio del suelo, y que había permanecido callado hasta ese momento, oculto totalmente por la amplitud del respaldo de su asiento.
— La verdad es que creía que la otra dama a bordo iba a ser nuestra ingeniera — Dijo Paul, con un tono que se asemejaba al del mal humor.
— La Teniente White sirve como apoyo en caso de combate y como vigía del radar — Respondió Alice, con la misma voz monótona y observando por encima del asiento del piloto cómo las pezuñas de éste se acomodaban a la perfección a los mandos de vuelo.
— ¿Y puede saberse qué papel cumples tú dentro de esta cosa?
  Yo sirvo como apoyo al Capitán Vereth y para sustituirlo, en caso de que sea necesario.
Un leve temblor recorrió de pies a cabeza a John Vereth sin que nadie pareciera darse cuenta. El piloto se limitó a emitir un corto gruñido, lo que le asemejaba aún más a un perro.
— ¿Cómo vamos con el desarrollo del vuelo, Alice? — Preguntó el capitán dirigiéndose a su segunda pero mirando directamente hacia el respaldo del piloto.
— El plan de vuelo — Le corrigió la realmente aludida. — Todo parece ir bien, según la vigía. Si mantenemos esta velocidad podremos llegar a nuestro destino antes de que la niebla aparezca. 
— Y sabemos que la niebla afectará a esta nave porque….
— Porque lo que sí sabemos con exactitud de esta nave es que su fuente de energía es higroeléctrica, como todas las de última generación. Y como todas ellas, se ve afectada por las estaciones de niebla del planeta.
— ¿Tenemos un plan B si llega el caso? — Preguntó John.
— Aterrizar y esperar un par de meses a que cambie la estación. — El piloto corrigió suavemente la dirección antes de seguir hablando. — Esta nave no está preparada para la exosfera. 
— ¿Y el plan C? — Preguntó medio en broma el capitán.
El piloto pareció no darse por aludido y se limitó a corregir el rumbo un par de centímetros antes de cambiar casi totalmente de tema.
— No nos hará falta un plan C — Terminó respondiendo Alice.
— Alice Vega, le repito lo que le dije en tierra. Con una de nuestras naves no llegaríamos nunca a tiempo, con un modelo extraído de una excavación y que parece cincuenta años más adelantado a nuestro más novedoso aparato volador… No podemos contar únicamente con mi pericia a los mandos, debemos tener suerte y fe en que esto no aminore si le viene en gana.
— La fe no entra en mis planes — Dijo Alice con total seriedad.
— Entonces lo siento por usted — Añadió el piloto.
John se movió nervioso en su asiento, provocando una serie de ruidos metálicos provocados de la base del sillón.
— ¿Cuánto nos falta para llegar? — Preguntó al fin el capitán.
Paul lanzó con bastante rapidez una de sus garras hacia un pequeño aparato parecido a un walkie que colgaba del techo y tras pulsar el gran botón en uno de sus lados se dirigió a otra sala.
— Kelsie White, querida, ¿Cuánto nos falta para llegar a las coordenadas marcadas?
La respuesta aún tardó cinco segundos en salir del aparato.
— Ciento diecinueve minutos, si seguimos a la misma velocidad.
— Ciento diecinueve minutos — Repitió el piloto a los presentes.
— Y aún no podemos saber qué hay allí — Añadió resignado John Vereth.
— Mi vista no da para tanto, John Vereth —Dijo Paul Kopek — Sólo espero que sea algo realmente importante.


lunes, 19 de marzo de 2018

Ultimate Hispania


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Los equipos de metahumanos habían funcionado en España hasta bien entrado el siglo XX. Fue entonces, el 14 de Marzo de 1990, cuando ocurrió el accidente de la Avispa Negra y todo cambió. El gobierno decidió tener más cuidado con la gente a la que permitía salvar a la patria y decidió crear un Grupo Especial de Amenazas, un cuerpo de seguridad dependiente directamente del Ministerio de Interior, que tenía por objetivo tratar aquellos temas que en otro tiempo habían sido encargados a grupos independientes que, en mayor o menor medida, acataban la ley. A partir de ese momento toda persona con capacidades potencialmente peligrosas era controlada por ley o de forma médica. El GEA se llenó de todo tipo de personas, con y sin habilidades peculiares, tras pasar un proceso de selección exhaustivo.
De todos los grupos, comités y comisiones que se crearon bajo la supervisión del Ministerio inicialmente sólo quedó uno remotamente parecido a los antiguos equipos. El llamado grupo de operaciones estaba formado por no más de diez personas en todo el país y se encargaba del trabajo de campo en las ocasiones en las que la diplomacia no podía resolver el problema.
Al frente del GEA se eligió a un militar prejubilado llamado Fernando Linares Ruiz. Apenas había tenido contacto anterior con superpoderes y su principal virtud era la de mantener el orden y la unión. La mala fama del antiguo militar y su rudeza para tratar con la alta diplomacia impidieron que el Grupo Especial se encargara del otro asunto metahumano que afectaba a la península. Las relaciones con el recientemente creado imperio submarino de Tartessos fue competencia directa del Ministro de Asuntos Exteriores.

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Hacía tan solo un año que el Ayuntamiento de Málaga había cedido los terrenos del polideportivo de Ciudad Jardín al GEA para construir su nueva base provincial. Claro está que las intenciones iniciales del Ministerio de Interior eran ocupar el edificio abandonado del antiguo Correos Central, frente a la Delegación de Hacienda en el centro de la ciudad, por lo que se podría decir que salieron perdiendo con el cambio.
A pesar de la total libertad a la hora de disponer de los antiguos terrenos deportivos, el aspecto exterior de las instalaciones apenas había variado en este tiempo. Sólo en el interior y, más concretamente, en el subsuelo, los cambios habían sido notables, adecuando el lugar como una base casi autónoma del cuerpo de seguridad. El edificio principal había sido reformado para dar cabida a todos los despachos y oficinas administrativas. Las canchas exteriores habían sido mejoradas parcialmente para su uso como zona de entrenamiento y vigilancia de los alrededores. Incluso se había respetado el cartel exterior en el que se indicaba el anterior uso como espacio deportivo. Por lo que no era extraño que la joven chica que se acercaba a la puerta principal se hubiera equivocado creyendo que las canchas estaban aún disponibles para pasear o hacer deporte al aire libre.
La melena rubia y larga ondeaba al son de sus pasos apenas recogida en la espalda por un coletero. Sus ojos, del color miel, parecían vivos y capaces de no perder ningún detalle de su entorno. Sus labios parecían fruncidos, lo que le daba cierto aire de madurez. Era estrecha de hombros pero, a pesar de superar por poco el metro sesenta de altura, parecía en mejor forma física que cualquier otra persona de su talla. Balanceaba una bolsa de gimnasio de color rojo y asas de cuero marrón que parecía segura en sus manos.
El guardia de la puerta le dio el alto de forma impetuosa, interponiéndose entre ella y la puerta giratoria de metal que daba paso al interior del recinto, ocupándola casi toda con su propia masa.
— Lo siento, niña — Dijo con voz ronca y mirándola de arriba abajo a través de unas grandes gafas de sol—. Esto es zona privada.
La joven pareció titubear unos segundos antes de responder.
— Me llamo María Castillo. Ayer me enviaron una carta para que viniera urgentemente a las doce de la mañana…
La joven empezó a revolver en su gastado bolso mientras el agente de seguridad acercaba reservadamente la mano al arma hasta que al fin ella consiguió sacar un papel arrugado y enseñarlo al guardia. El agente lo tomó por uno de los vértices y empezó a leerlo en un murmullo.
— Debe ser un error postal — Dijo el guardia—. Esta carta va dirigida a los miembros del Grupo Especial de Amenazas.
— ¿María Castillo? — Cortó de repente una voz tras el hombre de seguridad cuando la chica ya estaba a punto de volver a guardar el documento en la mochila.
Un hombre que rondaba los cuarenta años se abrió paso a través de la puerta giratoria y enseñó al guardia de forma mecánica una tarjeta que tenía colgada en uno de sus bolsillos de la camisa a cuadros. Su pelo moreno y corto apenas estaba peinado, sus gafas parecían estar sucias y estaba claro que el hombre no habría pisado el sitio de no ser por su nueva función administrativa, alejada en su totalidad de la labor deportiva.
— Soy Beltrán Merino — Se presentó dirigiéndose directamente a la joven mientras seguía manteniendo en alto la tarjeta de identificación para al fin dirigirse al de seguridad —. Déjela pasar, va conmigo.
— Señor — Se limitó a saludar el guardia de la puerta apartándose a un lado para dejar paso.
La chica alcanzó al hombre y se colocó a su lado mientras caminaban.
— ¿Conocías este sitio? — Preguntó distraído Beltrán.
— No, es la primera vez que entro… no vivo en…
— Yo vine una vez, echamos un partido de fútbol sala en la despedida de soltero de un amigo — Cortó, aún pensativo, el hombre.
— ¿Me ha citado usted? — Preguntó Mary Jane.
— Sí, soy el doctor en ingeniería mecánica Beltrán Merino — Volvió a presentarse el investigador mientras seguía caminando en dirección al edificio más grande del complejo —. Supongo que no tendrás ni idea del porqué te he hecho venir.
Mary Jane guardó silencio.
— Pasa — Dijo cediéndole el paso tras abrir la puerta del edificio de oficinas —. Vamos al despacho 2.9
Ambos volvieron a ponerse a la misma altura mientras subían dos tramos de escaleras y abrían el despacho del doctor.
El despacho era un pequeño cuarto sin ventanas en el que tan sólo había un escritorio con un ordenador que parecía estar obsoleto, dos sillas de oficinas de plástico y una caja de cartón llena de diversos materiales electrónicos y de oficina.
— Siéntate — Dijo Beltrán mientras recuperaba el aliento y removía las cosas de la caja hasta finalmente sacar una carpeta y colocarla sobre la mesa.
El doctor Beltrán Merino tomó asiento al otro lado del escritorio sin molestarse en encender el ordenador ni en colocar mejor la silla.
— Trabajaba en Madrid hasta hace muy poco, de hecho creo que esto se ha usado como trastero el resto del tiempo — Dijo Beltrán mientras hojeaba la carpeta que había puesto sobre la mesa sin dar mayor importancia al tema —. Bien, aquí estás, Señorita María Jordan Castillo… estuviste a punto de acudir a las olimpiadas.
La chica asintió con la cabeza a pesar de no saber bien si el movimiento era visto por el otro.
— Hacías gimnasia rítmica y destacas en escalada. Te defiendes en natación y no destacas demasiado en combate cuerpo a cuerpo. ¿No es eso?
Esta vez sí levantó la cabeza para ver la reacción.
— Fui descalificada por el tribunal olímpico — Explicó la chica. 
— Los resultados del análisis genético no fueron concluyentes — Añadió monocorde el investigador —. ¿Sabes lo que es un código 323?
— No.
— De acuerdo. Una de las funciones del Grupo Especial de Amenazas es vigilar las estadísticas de nuevas apariciones de superpoderes en cada uno de los territorios de España. Digamos que hemos recibido una serie de toques de atención en la ciudad de Málaga. Obviamente no todos los eventos han salido a la luz. Ni tienen por qué salir — Dijo levantando la vista hacia la chica que cabeceó en señal de comprensión.
— Lo entiendo — Dijo, de todos modos, Mary Jane.
— Se ha convocado una reunión dentro de veinte minutos — Siguió diciendo el investigador mientras miraba su reloj de muñeca —. Va a formarse un nuevo equipo operativo local de respuesta urgente.
— ¿Un qué…?
— Los que se ocupaban de actuar en casos de extrema necesidad van a sufrir una profunda reestructuración — Beltrán se adelantó a cualquier objeción por parte de la chica levantando la mano pidiendo silencio —. La ciudad de Málaga ha sufrido un repunte demasiado sospechoso en muy corto plazo. Realizar un nuevo proceso de selección llevaría al menos tres semanas. Necesitamos formar un equipo especial para hacer frente a la amenaza temporalmente. El código 323 nos permite reclutar a un grupo para tal fin.
— ¿Y se supone que yo tengo que formar parte de él?
— El General…— Beltrán carraspeó nervioso —. Don Fernando Linares… pidió al director del Departamento de Tecnología e Innovación que realizara una proposición de efectivos. O sea, que recomendara a alguien para formar parte del grupo. Te hemos elegido a ti.
— ¿Y usted es el jefe del grupo?
— Sólo provisionalmente. El Director era el Doctor De los Ríos. Ha desaparecido.
— ¿Y por qué yo?
— Eres la elección más lógica. Tienes buenas aptitudes atléticas y… es probable que las necesitemos — Dijo el doctor Beltrán mientras pasaba rápidamente las hojas de la carpeta —. De momento sólo te pido confianza y confidencialidad. ¿Eres capaz de dármelas?
Mary Jane volvió a asentir, casi estupefacta, a la pregunta.
— En el pasado el profesor De los Ríos colaboró en diversos estudios referidos al producto ISJ47 que dotaba de habilidades especiales a aquel que lo tomara. Su desaparición y que la actividad metahumana en Málaga haya aumentado nos hace sospechar que ambos eventos están relacionados.
— Sigo sin entender dónde entro yo. Se supone que sois el departamento de tecnología… ¿no podéis diseñar robots y cosas mecánicas para luchar?
— Claro. Con un billón y medio de euros podríamos fabricar cualquier cosa efectiva. Eso sin contar las reparaciones y el mantenimiento que…
— Lo entiendo — Cortó con rapidez ella.
Beltrán se levantó, golpeó contra la mesa la carpeta hasta ordenar adecuadamente los folios que contenía el documento y cerró con mucho cuidado el archivo.
— Lo que sí haremos, con los recursos que tenemos a nuestra disposición, es mejorar tus capacidades innatas. Obviamente todos esos recursos se quedarán en el Departamento cuando terminemos con ellos.
El director interino del departamento devolvió la carpeta a la caja de los trastos y la movió un par de veces hasta comprobar que quedaba medianamente ordenada.
— ¿Me acompañas? La reunión se hará en el despacho principal de la planta baja y no quiero llegar tarde.


La sala de reuniones era una sala de tamaño medio con una mesa que la abarcaba casi en su totalidad, un par de puertas de roble blindadas y una serie de sillas de madera que apenas pegaban con el resto de la habitación. No había nada más que una cristalera en el techo por la que entraba abundante luz, que dibujaba sobre la mesa una especie de estrella abstracta, y una gran televisión plana colgada en uno de los laterales. Ningún adorno ni otro aparato eléctrico parecían tener sitio allí.
Llegaron los primeros y Beltrán, tras echar un rápido vistazo a la disposición de las sillas, se decidió por las que estaban más alejadas. Con un gesto indicó a Mary que tomara asiento a su derecha. A los pocos minutos la chica ya estaba tamborileando con los dedos sobre la mesa, nerviosa ante lo que parecía la tardanza del resto de asistentes. Beltrán se había limitado a cruzar los brazos y a mirar al infinito. Una eternidad después la puerta se abrió para dejar paso a una mujer de mediana edad que empezó a toquetear los botones de la pantalla.
— Beltrán, no sabía que estabas de nuevo aquí, ¿cómo van las cosas por Madrid? — Dijo mientras se mantenía de espaldas a ambos asistentes.
— Igual de aburridas que siempre, Noemí — Respondió el aludido —. Deberías dejar ese despacho y emigrar al norte.
— Más adelante quizás — Respondió la mujer mientras finalmente conseguía hacer aparecer una imagen en pantalla —. Me quedaré al otro lado de la puerta por si necesitáis más ayuda técnica.
En pantalla apareció la cara de un hombre mayor, cercano a los sesenta años, de piel enrojecida por el sol y un corto y escaso pelo moreno. El anciano esperó a que la puerta de la sala se cerrara antes de dirigirse a ambos visitantes.
— Doctor Merino. Señorita — Dijo a modo de saludo —. Siento no haber podido recibirles personalmente. No podía llegar a tiempo.
— No se preocupe, Señor Linares — Respondió, con tono excesivamente formal, Beltrán —. Comprendemos que haya estado ocupado, dadas las circunstancias. ¿Se sabe algo del doctor De los Ríos?
Fernando Linares, sobre el que descansaba la seguridad metahumana en todo el territorio español, se pasó la mano por la cabeza varias veces antes de responder.
— No tenemos ninguna noticia, doctor. Esperamos ponerle remedio en breve.
— Eso espero yo también.
— No debemos perder más tiempo. He recibido un informe del representante de Tartessos, quieren colaborar.
— ¿Colaborar? — Preguntó extrañado Beltrán.
— Ven como una oportunidad de acercar mentalidades y obtener metas comunes… — Empezó a decir mecánicamente el antiguo miembro del Ejército — El caso es que el ministro de Exteriores les ha prometido que meteremos a uno de los suyos en el equipo de Málaga, como gesto de buena voluntad.
— ¿Debemos ir a recogerlo personalmente? — Preguntó interesado el doctor.
— No será necesario. Ella será protegida por su propia escolta hasta el Ayuntamiento. Desde allí yo mismo la acompañaré hasta esa sede.
— Por supuesto, señor Linares — Respondió Beltrán.
— Dado que el señor De los Ríos sigue sin dar señales de vida, he decidido ratificarle como Director Organizativo del grupo hasta que eso cambie.
Beltrán Merino asintió sin que le pasara por alto lo implícito en lo temporal del cargo.
— La señorita Noemí Guerra le dará una lista con las situaciones habituales del resto de elegidos. Ruego no se salga de la selección. Si necesita más ayuda…
— No hará falta.
— De acuerdo, cuantas menos personas sepan del reclutamiento, será mejor para todos nosotros — El líder dio una larga calada a un cigarro que acababa de encender fuera de escena antes de seguir —. Supongo que la señorita que le acompaña es…
— María Jordan, señor — Respondió la propia Mary.
— ¿Y con qué habilidades cuenta, señorita?
— La necesitaremos para la misión de infiltración y para el combate evasivo — Respondió esta vez Beltrán —. No creo que se arrepienta de la elección.
— Bueno, si usted está seguro, le apoyo.
— Le agradecemos el apoyo — Respondió rápidamente Beltrán.
— Otra cosa, la emisaria de Tartessos necesitará equipo especializado para poder respirar fuera del agua — Dio otra calada rápida antes de apagar el cigarrillo —. Confío en que podamos proveerle de mantenimiento y reparación.
— Seguramente sea muy caro, no estoy familiarizado con ese tipo de equipo — El rostro en la pantalla pareció fruncirse peligrosamente —. Pero haré todo lo que pueda, señor Linares.
El antiguo general gruñó a modo de respuesta.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Prehistoria de Yophiel

Tres castigos cayeron sobre Yophiel. Uno fue de agua, ahogando a las bestias primitivas y haciendo perdurar a los grandes seres. Otro fue de tierra, tragándose a los peores de entre los mejores, aquellos que desperdiciaron su segunda oportunidad de ser gratos a los dioses. El tercero fue de viento, alejando a los débiles, a los enclenques, a los que no debían haber sobrevivido… (Sacado del libro santo de Kress).

martes, 31 de enero de 2017

Próximamente... Guardianes de Málaga

Y llegó el día en el que la ciudad de Málaga necesitó su propio grupo de héroes, capaces de hacer frente a un crimen megahumano que iba en aumento con el paso del tiempo. Oficialmente conocidos como el equipo operativo local de respuesta urgente de Málaga, pronto serían conocidos simplemente como los Guardianes de Málaga.

Mary Indiana Jordan Castillo, conocida con el nombre clave Soldado Alfa. Experta en el sigilo y capaz de esquivar cualquier ataque.

Máximo Medina Pineda, que, siguiendo con la tradición de su padre tomó el nombre clave de Eolo. Capaz de invocar fuertes vientos con capacidades extraordinariamente curativas.

Keren'Daena, una de las últimas supervivientes de la casta guerrera de Tartessos procedente de otra dimensión, conocida como Centinela y capaz de usar con gran destreza sus cañones de agua comprimida y su poderoso tridente de aidenita, el metal más resistente del multiverso conocido.

Paloma Celeste Macías, protegida y aprendiz del protector de los portales multiversales, conocida como la Hechicera y capaz de invocar a auténticas pesadillas de otras dimensiones que podrían o no obedecer sus órdenes directas.

Todos ellos dirigidos, entrenados y supervisados por el doctor en ingeniería mecánica y antiguo héroe adolescente Beltrán Merino Inglés.

sábado, 31 de mayo de 2014

Crítica Hora Cero (Novela de S.D. Perry)

“Cero originalidad"


El equipo Bravo de los STARS entra en acción para investigar una serie de horribles asesinatos ocurridos en Raccoon City. De camino hacia la escena del crimen, el helicóptero en el que viajan se estrella. El equipo sobrevive y descubre un transporte militar volcado con varios cadáveres destrozados junto a él. Pero eso sólo es el principio de la pesadilla. Están a punto de descubrir la maldad que ha estado creciendo a su alrededor, y la novata del grupo, Rebecca Chambers, comenzará a preguntarse dónde se ha metido. (Sinopsis extraída de La casa del libro)

Estilo: La obra de la escritora tiene un estilo sencillo, que te hace desear que la historia no fuera una adaptación del videojuego Resident Evil Zero y sí una historia de la propia autora. A pesar de no haber tenido la ocasión de jugar a dicho juego, las descripciones de las criaturas y de las situaciones son más que correctas, haciéndote leer la novela a buen ritmo.

Argumento: Es su punto débil. Se trata simplemente de la adaptación del videojuego, con sus jefes finales que aparecen justo cuando se les requiere y con algunos puzzles made in Resident Evil pero que están de más en las novelas. Además, el hilo que une esta precuela con las siguientes ediciones es bastante débil, no es necesario saber esta historia para conocer o profundizar en las siguientes.

Personajes: Formado casi en exclusiva por una novata de las fuerzas especiales, un veterano erróneamente sentenciado a muerte y unos malos muy malos. La única motivación de los personajes protagonistas es seguir hacia delante y buscar una salida (de un bosque, un tren y de algo remotamente parecido a un complejo científico respectivamente), la motivación de los malos es ver qué pasa cuando aplicas un virus que convierte en zombis a personas al azar (Resultado, los convierte en simples estorbos) y si los protagonistas descubren lo que pasa. Por los escenarios pasan algunos más que se dedican a hacer bulto y cuya profundidad es nula.

Conclusiones: Si no te apetece jugar al juego de la Gamecube o no tienes especial interés en leer nada, es recomendable para pasar el rato. En caso de que no te interese la historia del videojuego y aunque seas fiel seguidor de la saga, puedes sobrevivir sin leerlo. Un 5 por el estilo y por saber sacar algo de oro de donde no lo había.

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lunes, 5 de mayo de 2014

Crítica Lego Marvel Super Heroes (PC)

“Superhéroes desmontables en Nueva York”



Tras adaptar a Lego distintos universos como los de Star Wars o, más cercano en el tiempo, el universo de DC cómics (por dos veces, además) esta vez le tocaba a la editorial Marvel hacer pasar a sus principales personajes por el curioso prisma de esta empresa de bloques interconectados.
Esta vez, lo que podría llamarse “base de operaciones”, no se queda en los pasillos de un campus (caso de la saga de Lego Indiana Jones) o en una cafetería interestelar (Star Wars). El mundo a explorar libremente consiste en la nave de SHIELD, donde dispondremos de las principales opciones de juego, y en una gran parte de la ciudad de Nueva York donde tienen cabidas multitud de edificios reales e inventados por la editorial Marvel.

Guion: El juego empieza con la visita (algo accidentada) de Estela Plateada, emisario de Galactus, el devorador de mundos. Por el camino, sin embargo, se entromete un grupo de los más característicos archivillanos de la franquicia Marvel. A saber: Doctor Muerte (de los 4 Fantásticos), Loki (de Thor) y Magneto (de X-men).
El jugador deberá seguir un hilo conductor de la acción que le llevará desde el edificio de los 4 fantásticos hasta el propio espacio exterior.
Y es que este es precisamente uno de los puntos fuertes del videojuego, la opción de visitar escenarios que no sólo le sonarán a aquellos que hayan leído los cómics (como el edificio Kronas, aparecido en los cómics del Capitán América) sino también a todo aquel que haya visto las películas. De cualquier forma, la agente María Hill se encarga de hacer una breve descripción antes de cada escenario gracias a la cuál podemos saber, por ejemplo, que en el castillo del Doctor Muerte se coge bien la WiFi.
El característico humor de los juegos de Lego aparece casi en todas las escenas de vídeo, arrancándote una carcajada de vez en cuando.

Gráficos: Los gráficos, debido a las principales características de esta saga de juegos, parecen haber quedado anclados y es que crear un mundo a base de piezas desmontables no parece dar mucho de sí. El jugador tendrá ocasión de ver una y otra vez el mismo revistero o cajón de SHIELD rompibles y quedará anonadado tras vencer varias veces a un robot gigante (Centinela de los X-men) que soltará infinidad de monedas de lego que desaparecerán a los pocos segundos.

Jugabilidad: El jugador seguirá teniendo la misma libertad para romper cosas que en el resto de juegos de la saga, esta vez pudiéndose aderezar con cargas imparables de Hulk y compañía.
Como en todos los juegos de lego se dispone de varios tipos de personaje con los que superar distintos puzzles o jugar de una determinada manera, así, por ejemplo, tenemos a los personajes con Superfuerza, con capacidades Psíquicas o con capacidad de derretir algunos metales con rayos láseres.
Los puzzles, en general, no presentan mayor dificultad que la de acercarse con el personaje adecuado a la zona adecuada. Instantáneamente te aparecerá un mensaje de ayuda de juego que te dirá exactamente qué botones pulsar o, en caso contrario, puedes dedicarte a destruir objetos hasta que puedas avanzar.
Pero lo peor es el movimiento de vuelo y el de algunos vehículos. El juego te da la opción de aumentar tu velocidad de vuelo pulsando rápidamente el botón correspondiente, lo que te llevará casi siempre una calle más allá de donde querías parar. Una pena que este aumento explosivo de velocidad no pueda aplicarse al vuelo vertical obligando al jugador a elevarse muy lentamente hasta llegar a la azotea de algunos edificios.
Si te atreves a usar la máxima velocidad de un vehículo verás que la capacidad de control se reduce más que considerablemente, por lo que en ocasiones tendrás que elegir o bien ir a paso de tortuga en tu coche-lego o dar por sentado que no vas a ganar una carrera contra un personaje no jugador.

Sonido: El doblaje al castellano es correcto a pesar de no contar con los dobladores “oficiales” y a que la voz de Thor sea más adecuada para el personaje de Nick Fury que para el propio dios asgardiano. Como pasa en cualquier doblaje se pierden algunos juegos de palabras pero se puede decir que, en general, se defienden bastante bien.
Se mantienen los mismos sonidos de rotura de objetos lego y se acompañan esta vez por sonido de rayos, cohetes y demás parafernalia armamentística que te hacen creer realmente que estás disparando ese tipo de munición.
Por otra parte la música es sencilla, sin grandes temas musicales ni pretensiones de que quieras comprarte la OST del videojuego, acompaña adecuadamente al juego y pone énfasis épico en las partes en las que hay que ponerlo.

Conclusión: Es un juego claramente dirigido a un público joven o que no tenga ganas de enrevesados puzzles o de juegos de profundidad psicológica insondable. Es bueno para pasar el rato y ver cómo puedes romper cosas con impunidad o bien para jugar como uno de tus héroes (o villanos) Marvel favoritos.

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