lunes 19 de diciembre de 2011

El fin de Omega Cap38: El anochecer, el principio del nuevo viaje

Sobre el fuego del hogar reposaba una tetera a punto de hervir, todos los presentes en aquella sala la observaban a la espera de que el dueño de la casa hiciera su aparición. Los pasos vacilantes de Adenio hicieron que todos desviaran la atención hacia el origen del sonido.
- Buenas noches, amigos.- Dijo sonriendo el anciano.
- Maestro Adenio.- Dijo con una reverencia Thomas.
El anciano se acercó sin cambiar el paso hasta sus cojines y, nuevamente, se dejó caer sobre ellos cuan largo era, quedando en una posición que en cualquier otra situación rozaba el bochorno.
- Estaréis ansiosos por saber cuáles serán nuestros siguientes pasos.- Dijo el anciano.
- ¿Dónde están Felthac y los otros?, desde ayer no sé nada de ellos.
- Siguen su propio camino, Ziane. Como deberéis hacer vosotros también.- Adenio se percató entonces que sus palabras no habían saciado a la sacerdotisa, por lo que añadió con una voz neutra.- Se han ido en busca de algo que os podrá ayudar a derrotar a Omega.
- ¿Una de esas reliquias tan raras de las que hablaban?- Preguntó Eorlüm.
- Sí, una de las armas de Alfa. ¿Alguna pregunta más?
El anciano benefactor miró a su alrededor uno por uno a sus visitantes, tras comprobar que no iba a ser interrumpido nuevamente se aclaró la garganta de forma teatral antes de seguir hablando.
- Espero que hayáis meditado lo suficiente como para tener claro que sin vosotros no habrá una forma eficaz de detener toda esta oscuridad. No puedo daros el ejército que os prometí pero sí toda la ayuda que he podido obtener de aquí a las islas. Uno de los barcos más veloces os está esperando en Gadae y la tripulación es lo suficientemente valiente como para navegar en esa densa niebla. Lo único que se necesita es vuestro consentimiento.
El anciano miró nuevamente a su alrededor, esperando algún tipo de respuesta por parte de sus convidados. Tras comprobar que quizás necesitaban algo más de tiempo alcanzó una de sus manos hacia la ruidosa tetera y con ayuda de Thomas fue llenando pequeñas tazas que se sirvieron con disciplina a cada uno de los asistentes, incluido el joven sirviente. Adenio sopló su taza antes de dar un pequeño sorbo.
- Cada día sale mejor el té de hierbabuena en esta casa.- El anciano volvió a mostrar una pequeña sonrisa.- La próxima vez que te cruces con ella felicita a la jefa de cocinas, Thomas.
El sirviente asintió a pesar de que se encontraba fuera de la visión de su amo. Pasaron varios minutos en los que se cruzaban caras pensativas y el leve sonido de los pequeños sorbos.
- Si existe alguna forma de rescatar a Aleont.- Eorlüm calló al verse escrutado por la mirada de Adenio.- Estoy dispuesto a enfrentarme a todo un ejército con mi espada con tal de devolver a mi hermano a su estado natural.
- Estoy seguro de que tendrás tu oportunidad.- Se limitó a contestar el anciano mientras depositaba a un lado su taza vacía.
- Yo iré donde vaya él.- Respondió tajante Ziane.
Adenio asintió con lentitud.
- Maestro… ¿he de ir?- Preguntó vacilante Thërmor.
- No tienes por qué pedirme permiso.- Dijo Adenio levanto la vista hacia la faz de su pupilo.- Eres un hombre libre que puede tomar sus propias decisiones.
- Quizás deba pensarlo un poco más, hay varias cosas...
- Sea así entonces.- Respondió Adenio interrumpiendo la frase a medias.- Espero que no lo pienses demasiado.
- Yo también iré.- Terció Thomas.
- Tú no eres un hombre libre.- Cortó tajante el anciano.- Y mientras te estés beneficiando a mi jefa de cocina y te necesite a mi lado, a mi lado te quedarás. Realmente no sé qué haces todavía aquí, ve a prepararme el baño.
Thomas cerró con fuerza sus labios y se alejó por uno de los pasillos.
- Creo que te has pasado con el chico.- Dijo Ziane tras comprobar que no podía ser oída por el afectado.
Adenio sonrió de oreja a oreja mientras miraba en la dirección por la que se había ido su actual sirviente.
- Thomas aún tiene un papel importante que hacer en este lugar.- Empezó a decir el anciano.- Un papel más importante que el de servirme a mí.- Añadió al darse cuenta de que sus palabras eran demasiado ambiguas.
El propietario del palacete dio por terminado ese tema con un movimiento de manos.
- Podréis iros mañana a primera hora si lo deseáis, el barco os esperará dos semanas si hace falta. Vosotros tres estaréis bien mientras os mantengáis juntos y nunca perdáis el sentido de vuestra labor.
- ¿Y qué pasará con Felthac, se nos unirá en medio del combate?
- No lo creo. Podéis olvidaros de ese piromante, la ayuda que os prestará no será directa. Me apuesto lo que sea.
Adenio pidió ayuda a Thërmor para levantarse no sin mucho esfuerzo. Tras sacudirse mecánicamente el trasero empezó a caminar hacia uno de los pasillos. Thërmor lo siguió instintivamente, dos pasos por atrás, mientras Ziane y Eorlüm se quedaban en la gran sala.
- Maestro Adenio…- Empezó a decir Thërmor mientras se internaban en la oscuridad.
- No hace falta que me sigas llamando maestro. ¿Qué deseas?- Dijo el anciano.
- ¿Qué pasará con La Hoja? ¿Debería ir hacia allí?
- Tus compañeros siguen también su propio camino. Como ya he dicho eres un hombre libre pero, si la pregunta es si te necesitan, todo el mundo necesita a todo el mundo. El ser humano es un ente interconectado… Todo eso ya lo sabes.
- Entonces…
- Entonces haz lo que te venga en gana pero déjame ir a tomar mi baño. Ve donde creas que eres más necesario.

Eorlüm tomó del brazo a su enamorada.
- Entonces… vamos juntos en busca de problemas.- Dijo el guerrero.- ¿Estás totalmente segura?
- Sé que me protegerás, Eorlüm.
La sacerdotisa dio un rápido beso en la boca al guerrero.
- Eso nunca podrás dudarlo, cariño.
- La cuestión es que si llega el momento… ¿a quién protegerás, a tu hermano o a mi?
Eorlüm no supo responder, aunque Ziane tampoco le hubiera permitido ningún tipo de respuesta. Sólo llegado el momento se sabría.

La mañana les encontró empacando sus pocas pertenencias en varios sacos sobre un caballo de carga. Adenio había preparado varios fardos de viandas para cada uno de los aventureros, aunque en toda la madrugada no había hecho acto de presencia. Ya se temían que no iban a volver a verle cuando apareció regiamente por la puerta.
- Veo que estáis preparados para marcharos.- Añadió como si fuera ajeno a todo el ajetreo que había habido en su hogar desde el amanecer.
- Creo… Creemos que es lo mejor.- Dijo Eorlüm tras comprobar que Ziane le apoyaba.
- Debéis tener cuidado allá fuera.- Aconsejó Adenio mientras bajaba pesadamente las escaleras que bajaban a la calle.- Puede que os encontréis con algún peligro incluso antes de llegar al mar. Creo que lo mejor es que ambos intentéis pasar desapercibidos hasta llegar al barco.
- Lo intentaremos.- Habló Ziane.- Aunque llamaremos algo la atención con tantos fardos.
- Podría haberlos dispuesto en Gadae, pero no sabía hasta qué punto os iba a ser necesario.- Dijo Adenio mientras comprobaba la carga del caballo.- Tened mucho cuidado.
El guerrero cabeceó mientras acariciaba el bulto blanco a su espalda donde se encontraba guardada su gran espada.
- Tardaremos dos días en llegar a Gadae. Nos mantendremos lo más alejados de la costa…
- Mejor aquí no.- Dijo Adenio levantando la mano.- Puede haber demasiados oídos, confiaremos en vuestra labor.
- Al final Thërmor no nos acompañará.- Afirmó más que preguntó la sacerdotisa.
- Es decisión suya.- Añadió Eorlüm.- No podemos obligarle a nada, aunque quizás nos hubiera venido bien más compañía.
- Bueno, yo puedo obligarle a salir de mi casa.- Dijo el anciano mirando a la pareja alternativamente.- Lo último que quiero es otra boca que alimentar con mi alacena. Suficiente gasto es todo mi personal.
Adenio les dio la espalda y volvió a subir las escaleras hacia una de las puertas laterales.
- La luz está en vuestras manos. Siento no ser de más ayuda.- Añadió a modo de despedida.
- Es suficiente, lo conseguiremos… si nos mantenemos juntos.- Dijo Eorlüm agarrando de la cintura a Ziane.

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