Desde la lejanía se podían ver las grandes volutas de humo salir desde los distintos barrios de la capital. Los tres jinetes apenas redujeron el paso, tan sólo lo suficiente como para contar los fuegos que quizás aún quedaban encendidos.
- Ha estallado la batalla en Eleonara.- Dijo Pridwen, detrás de los dos hombres pero igualmente oculta por unas toscas túnicas.
- No podemos pararnos a ayudar aquí.- Respondió Felthac desviando mecánicamente la mirada hacia el frente.- El hombre que buscamos se ha marchado de la capital.
- Entonces…- Dijo Pwyll imitando el gesto de su protegido.- Tendríamos que dar un rodeo. No podemos permitir que nadie nos vea, sería demasiado problemático.
- Desviémonos hacia el norte, lo suficiente como para que no nos puedan otear desde las murallas.- Dijo el mago del grupo tras sopesar el consejo.
Los jinetes cambiaron lentamente su dirección hasta dejar la ciudad en el horizonte. Se acercaba el mediodía y no estaban muy lejos de su destino cuando Felthac se apeó de un salto de su caballo y lo tomó de las riendas.
- Paremos un rato. Prefiero llegar con los caballos descansados y de noche. Nos será más fácil buscar por la ciudad con la oscuridad.
- Estoy de acuerdo.- Dijo Pridwen mientras miraba en todas direcciones.- Al norte hay una pequeña arboleda, al menos podremos encontrar sombra.
Felthac observó en la dirección en la que marcaba la juglar sin poder encontrar nada. Aún así cambió nuevamente su dirección hacia donde indicaba la mujer, varios minutos después pudo descubrir la pequeña arboleda a la que hacía referencia. Apenas eran veinte metros de bosquecillo que parecía haber resistido a duras penas las inclemencias del mal tiempo.
No fue hasta acercarse a pocos metros cuando el grupo descubrió la extraña forma de los troncos de los árboles en el interior… y no fue hasta entrar completamente en él cuando se percataron del cadáver tendido en el pequeño claro. Pridwen fue la primera en reaccionar, aceleró el paso y se arrodilló junto al cuerpo.
La mujer vestía una túnica roja anudada a la cintura por una cuerda desgastada. Estaba bocarriba, con los ojos perdidos y con la boca a medio abrir por la que se escapaban dos hilillos de sangre. Su cabello rubio estaba desparramado por la hierba y un poco más allá, hacia donde dirigía su mano derecha, se encontraba un fardo de color marrón.
- ¿Qué ha pasado en este bosque?- Preguntó dubitativo Pwyll.
El antiguo pirata parecía hacer caso omiso al cuerpo y su mirada estaba fija en los árboles, todos ellos curvados perfectamente hacia fuera como si hubieran sido golpeados con gran fuerza pero no hubieran conseguido partirlos.
- Puede ser alguien del bando perdedor de Eleonara. Huiría… pero no lo suficientemente rápido.- Empezó a teorizar Pwyll.
Pridwen se levantó y dirigiéndose al fardo empezó a desliarlo. Lanzó a un lado varias manzanas y odres de agua y finalmente pareció dar con lo que buscaba. Sujetando un papel en alto empezó a leerlo.
- Era una inquisidora.- Dijo Pridwen dirigiéndose a Felthac para ver su reacción.- No le dio tiempo a sacar el arma.
Felthac se acercó al fardo mientras la juglar mantenía en alto una pequeña daga.
- ¿Estás segura de que pertenecía a la inquisición de Eleonara?
- El papel lo demuestra.- Respondió Pridwen mientras le tendía el documento.
Felthac lo rechazó con movimiento de mano y volvió su atención a los árboles.
- Debió ser alguien poderoso.- Dijo el mago.- Quizás sea el hombre a quien buscamos.
- No quisiera cruzarme con quien ha hecho esto.- Dijo Pwyll.
- No…- empezó a decir Pridwen mientras sujetaba en alto lo que parecía uno de los cabellos del cadáver, brillante bajo la luz del sol.- No es a quien buscamos. Deberíamos irnos de aquí.
La mujer volvió a arrodillarse junto al cadáver y con la yema de los dedos tocó la comisura e los labios.
- Deberíamos alejarnos lo máximo posible.- Añadió mientras sus dedos se mojaban con la sangre de la mejilla de la mujer.- La sangre aún está fresca.
- Puede que haya ido a tomarse un descanso y vuelva pronto.- Dijo Pwyll sin apartar su vista de los árboles.- Opino igual que madame.
Felthac colocó una de sus manos sobre el hombro del pirata para tranquilizarlo.
- No creo que nos cause problemas…- Empezó a decir el mago.
- Marchémonos, rápido.- Cortó secamente Pridwen.
- De acuerdo, descansaremos más adelante.- Dijo Felthac mientras acariciaba la cabeza de su caballo.
La única respuesta que consiguió fue un gruñido por parte de la mujer y un suspiro de satisfacción por parte del pirata.
Los últimos sirvientes se habían marchado para prepararle la habitación, se hacía de noche cada vez más temprano. Y los huesos empezaban a protestar durante la oscuridad. Dejó la tetera sobre el platillo del suelo e intentó levantarse varias veces del cojín en vano. Fue al cuarto intento cuando Adenio se dio cuenta de que no estaba solo en la habitación.
- ¿Ya no respetas ni la propiedad privada, hermano mío?- Espetó malhumorado el anciano.
Una figura encapuchada en negro apareció cerca de la puerta, como si se hubiera materializado de repente en ese lugar.
- Sabes que no me gusta que me llames así, ilustre Adenio.
- Tenemos el mismo padre y la misma madre, ¿cómo quieres que te llame?- El anciano intentó una nueva vez levantarse, también en vano.
- Veo que has perdido el tiempo, ilustre Adenio.
El extraño soltó una queda risa ante su ocurrencia.
- Eso depende de cómo lo mires.- El anciano intentó nuevamente levantarse del cojín.- ¿Podrías echarme una mano para levantarme?
El extraño materializó una vara de madera en una de sus manos y se la tendió al anciano, que no dudó en recogerla y apoyarse en ella para ponerse en pie. Con gesto ausente devolvió el apoyo al extraño que rápidamente lo hizo desvanecer.
- Aún te mantienes en forma.- Dijo Adenio mientras se colocaba ambas manos a la altura de sus riñones.- Cuando tengas mi edad verás lo que duelen los riñones cuando eres mayor.
- Espero no vivirlo.- Respondió el encapuchado.- ¿Llegarás a ver el final de la batalla?
- Ni idea.- Dijo mostrando un gesto serio el anciano.
- Sabes que podría ayudarte si…
- No, no necesito tu ayuda.- Respondió tajante el anciano.- De todos modos lo tengo todo preparado para cuando llegue el momento, no te preocupes.
- Será aburrido si no estás.- Dijo el encapuchado.- Pero supongo que es inevitable. Nuestro juego no podría ser eterno.
Adenio torció el gesto, contrariado, para posteriormente acercarse a un espejo a un lado de la habitación.
- Todo tiene su fin.- Respondió mientras se miraba atentamente en el cristal.
- No vi al mago cuando el grupo partió.
- ¿Empiezas a temer mis jugadas?- Esta vez fue el anciano el que soltó una carcajada mientras el encapuchado soltaba, a pesar suyo, un pequeño temblor.- Quiero poner un broche de oro a mi victoria final, sólo eso.
El encapuchado torció la cabeza como lo hubiera hecho un gato para oír mejor.
- Se acerca alguien...- Dijo el extraño.
- Mis sirvientes.- Se limitó a decir el anciano.
- ¿Es la última vez que nos veremos?
- ¿Alguna última palabra?- Preguntó el anciano interesado.
- Espero que tengas el final que te mereces, vejestorio.
- Yo también lo espero.- Respondió mientras el encapuchado desaparecía en un remolino.- Yo… también lo espero.
Justo en ese momento abrieron la puerta y entró Thomas.
- ¿Maestro?- Preguntó el joven mientras miraba hacia todas partes.- ¿Hablaba usted sólo?
Un manotazo en el cogote fue la primera respuesta del anciano.
- No me tomes por senil.- Añadió finalmente.- Espero que mi cama esté calentita, hoy hace frío.
- Ha estallado la batalla en Eleonara.- Dijo Pridwen, detrás de los dos hombres pero igualmente oculta por unas toscas túnicas.
- No podemos pararnos a ayudar aquí.- Respondió Felthac desviando mecánicamente la mirada hacia el frente.- El hombre que buscamos se ha marchado de la capital.
- Entonces…- Dijo Pwyll imitando el gesto de su protegido.- Tendríamos que dar un rodeo. No podemos permitir que nadie nos vea, sería demasiado problemático.
- Desviémonos hacia el norte, lo suficiente como para que no nos puedan otear desde las murallas.- Dijo el mago del grupo tras sopesar el consejo.
Los jinetes cambiaron lentamente su dirección hasta dejar la ciudad en el horizonte. Se acercaba el mediodía y no estaban muy lejos de su destino cuando Felthac se apeó de un salto de su caballo y lo tomó de las riendas.
- Paremos un rato. Prefiero llegar con los caballos descansados y de noche. Nos será más fácil buscar por la ciudad con la oscuridad.
- Estoy de acuerdo.- Dijo Pridwen mientras miraba en todas direcciones.- Al norte hay una pequeña arboleda, al menos podremos encontrar sombra.
Felthac observó en la dirección en la que marcaba la juglar sin poder encontrar nada. Aún así cambió nuevamente su dirección hacia donde indicaba la mujer, varios minutos después pudo descubrir la pequeña arboleda a la que hacía referencia. Apenas eran veinte metros de bosquecillo que parecía haber resistido a duras penas las inclemencias del mal tiempo.
No fue hasta acercarse a pocos metros cuando el grupo descubrió la extraña forma de los troncos de los árboles en el interior… y no fue hasta entrar completamente en él cuando se percataron del cadáver tendido en el pequeño claro. Pridwen fue la primera en reaccionar, aceleró el paso y se arrodilló junto al cuerpo.
La mujer vestía una túnica roja anudada a la cintura por una cuerda desgastada. Estaba bocarriba, con los ojos perdidos y con la boca a medio abrir por la que se escapaban dos hilillos de sangre. Su cabello rubio estaba desparramado por la hierba y un poco más allá, hacia donde dirigía su mano derecha, se encontraba un fardo de color marrón.
- ¿Qué ha pasado en este bosque?- Preguntó dubitativo Pwyll.
El antiguo pirata parecía hacer caso omiso al cuerpo y su mirada estaba fija en los árboles, todos ellos curvados perfectamente hacia fuera como si hubieran sido golpeados con gran fuerza pero no hubieran conseguido partirlos.
- Puede ser alguien del bando perdedor de Eleonara. Huiría… pero no lo suficientemente rápido.- Empezó a teorizar Pwyll.
Pridwen se levantó y dirigiéndose al fardo empezó a desliarlo. Lanzó a un lado varias manzanas y odres de agua y finalmente pareció dar con lo que buscaba. Sujetando un papel en alto empezó a leerlo.
- Era una inquisidora.- Dijo Pridwen dirigiéndose a Felthac para ver su reacción.- No le dio tiempo a sacar el arma.
Felthac se acercó al fardo mientras la juglar mantenía en alto una pequeña daga.
- ¿Estás segura de que pertenecía a la inquisición de Eleonara?
- El papel lo demuestra.- Respondió Pridwen mientras le tendía el documento.
Felthac lo rechazó con movimiento de mano y volvió su atención a los árboles.
- Debió ser alguien poderoso.- Dijo el mago.- Quizás sea el hombre a quien buscamos.
- No quisiera cruzarme con quien ha hecho esto.- Dijo Pwyll.
- No…- empezó a decir Pridwen mientras sujetaba en alto lo que parecía uno de los cabellos del cadáver, brillante bajo la luz del sol.- No es a quien buscamos. Deberíamos irnos de aquí.
La mujer volvió a arrodillarse junto al cadáver y con la yema de los dedos tocó la comisura e los labios.
- Deberíamos alejarnos lo máximo posible.- Añadió mientras sus dedos se mojaban con la sangre de la mejilla de la mujer.- La sangre aún está fresca.
- Puede que haya ido a tomarse un descanso y vuelva pronto.- Dijo Pwyll sin apartar su vista de los árboles.- Opino igual que madame.
Felthac colocó una de sus manos sobre el hombro del pirata para tranquilizarlo.
- No creo que nos cause problemas…- Empezó a decir el mago.
- Marchémonos, rápido.- Cortó secamente Pridwen.
- De acuerdo, descansaremos más adelante.- Dijo Felthac mientras acariciaba la cabeza de su caballo.
La única respuesta que consiguió fue un gruñido por parte de la mujer y un suspiro de satisfacción por parte del pirata.
Los últimos sirvientes se habían marchado para prepararle la habitación, se hacía de noche cada vez más temprano. Y los huesos empezaban a protestar durante la oscuridad. Dejó la tetera sobre el platillo del suelo e intentó levantarse varias veces del cojín en vano. Fue al cuarto intento cuando Adenio se dio cuenta de que no estaba solo en la habitación.
- ¿Ya no respetas ni la propiedad privada, hermano mío?- Espetó malhumorado el anciano.
Una figura encapuchada en negro apareció cerca de la puerta, como si se hubiera materializado de repente en ese lugar.
- Sabes que no me gusta que me llames así, ilustre Adenio.
- Tenemos el mismo padre y la misma madre, ¿cómo quieres que te llame?- El anciano intentó una nueva vez levantarse, también en vano.
- Veo que has perdido el tiempo, ilustre Adenio.
El extraño soltó una queda risa ante su ocurrencia.
- Eso depende de cómo lo mires.- El anciano intentó nuevamente levantarse del cojín.- ¿Podrías echarme una mano para levantarme?
El extraño materializó una vara de madera en una de sus manos y se la tendió al anciano, que no dudó en recogerla y apoyarse en ella para ponerse en pie. Con gesto ausente devolvió el apoyo al extraño que rápidamente lo hizo desvanecer.
- Aún te mantienes en forma.- Dijo Adenio mientras se colocaba ambas manos a la altura de sus riñones.- Cuando tengas mi edad verás lo que duelen los riñones cuando eres mayor.
- Espero no vivirlo.- Respondió el encapuchado.- ¿Llegarás a ver el final de la batalla?
- Ni idea.- Dijo mostrando un gesto serio el anciano.
- Sabes que podría ayudarte si…
- No, no necesito tu ayuda.- Respondió tajante el anciano.- De todos modos lo tengo todo preparado para cuando llegue el momento, no te preocupes.
- Será aburrido si no estás.- Dijo el encapuchado.- Pero supongo que es inevitable. Nuestro juego no podría ser eterno.
Adenio torció el gesto, contrariado, para posteriormente acercarse a un espejo a un lado de la habitación.
- Todo tiene su fin.- Respondió mientras se miraba atentamente en el cristal.
- No vi al mago cuando el grupo partió.
- ¿Empiezas a temer mis jugadas?- Esta vez fue el anciano el que soltó una carcajada mientras el encapuchado soltaba, a pesar suyo, un pequeño temblor.- Quiero poner un broche de oro a mi victoria final, sólo eso.
El encapuchado torció la cabeza como lo hubiera hecho un gato para oír mejor.
- Se acerca alguien...- Dijo el extraño.
- Mis sirvientes.- Se limitó a decir el anciano.
- ¿Es la última vez que nos veremos?
- ¿Alguna última palabra?- Preguntó el anciano interesado.
- Espero que tengas el final que te mereces, vejestorio.
- Yo también lo espero.- Respondió mientras el encapuchado desaparecía en un remolino.- Yo… también lo espero.
Justo en ese momento abrieron la puerta y entró Thomas.
- ¿Maestro?- Preguntó el joven mientras miraba hacia todas partes.- ¿Hablaba usted sólo?
Un manotazo en el cogote fue la primera respuesta del anciano.
- No me tomes por senil.- Añadió finalmente.- Espero que mi cama esté calentita, hoy hace frío.
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